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Los síntomas primarios que produce el alcohol en los bebedores, son aquellos que comienzan con la sensación de bienestar, excitación y euforia, estado relativamente agradable en donde el consumidor se ve desinhibido y alegre. Hasta aquí puede llegar el consumo responsable y moderado. El abuso del alcohol, tiene tal etapa como inicio; es de allí en adelante en donde pueden comenzar las dificultades, a partir de allí es que el consumidor casual puede convertirse en un compulsivo. Los primeros síntomas se transforman, y lo que hasta allí funcionaba como una opción recreativa y parcial pasa a ser una alternativa única e inevitable. Las primeras muestras de un alcoholismo incipiente o ya instalado, pueden notarse en la necesidad habitual de beber en reuniones familiares o de amistades, no pudiendo diferenciar el plano recreativo del consumo de alcohol, siendo inseparable una cosa de la otra. El proceso de dependencia La cantidad y la constancia con que es consuma alcohol es cara visible de la problemática. El consumo reiterado y abusivo es la impresión más directa, sin embargo no es solo la única. Hay ciertos cambios, consecuencia del proceso paulatino de la dependencia, que se manifiesta en un consumo más rápido y furtivo, y en un cambio notable en la actitud frente a la bebida. Esta fase es seguida ya por una en donde la pérdida de control, las lagunas mentales, la necesidad se acrecenta y, como ocurre con cualquier adicto a las drogas, la sustancia pasa a ser lo más importante en la vida del consumidor. Imposibilitado de ver con claridad, el alcohólico evita asumir su situación, y las excusas comienzan a hacerse habituales. Por último, los consecuencias pueden ser letales, el deteriore de salud es notorio en un bebedor compulsivo, y las opciones de rehabilitación y desintoxicación se vuelven un horizonte muy lejano. |