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La vida actual se caracteriza por una incesante carrera de actividades, responsabilidades y exigencias. El trabajo y el estudio, por si solos, son muy exigentes, y mucho más si se hacen simultáneamente. La necesidad de muchas personas de responder con eficacia a estas actividades, las lleva al consumo de pastillas que ayuden a soportar el trajín del día. El uso de estos fármacos estimulantes del sistema nerviosos central, es una de las principales opciones que toman muchas personas, par poder cumplir con tales responsabilidades. La problemática comienza, sin dudas, se instala en el carácter adictivo de estas sustancias, muchas de ellas drogas legales. Según estudios, la franja etárea donde más se consumen estos fármacos es en la juventud. Si bien la idea de un adicto se relaciona inmediatamente con la de una persona ajena a la sociedad, que busca aislarse de la misma, en estos casos, y mediante el uso de estas drogas, los objetivos no son los mismos, el uso de los estimulantes no se relaciona únicamente a la necesidad de sentir placer o satisfacción, sino a soportar lo más posibles la agitada realidad. La necesidad de energía Estas pastillas estimulantes generan dependencia y adicción. El uso constante de las mismas deriva, inevitablemente, en una dependencia física y una dependencia psicológica. Los riesgos se presentan constantemente. Un individuo puede llegar a consumir una de estas drogas en una circunstancia particular, en un momento dado donde debe reponerse del cansancio y del sueño. Sin embargo, si la persona tiene actividades varias, cuenta con una vida agitada, por ejemplo de trabajo y estudio, por lo que precisa dedicar una gran cantidad de tiempo a ambas cosas, es posible que esa circunstancia especial donde debe renovar las energías, se presente recurrentemente. |